¿Terminó la última Cuaresma?

Llevamos un año en una pandemia que se suponía que solo duraría unas pocas semanas o meses, pero definitivamente no un año. Este año ha traído mucho sufrimiento, estrés y muerte. Escuché la sorpresa de mucha gente cuando regresó la Cuaresma.


¿Terminó realmente la última cuaresma?


Al reflexionar sobre este año, siento como si partes de mí misma estuvieran muriendo o hubieran muerto. La muerte no siempre es un final definitivo. Jesús me recuerda en el Evangelio que, las cosas a veces tienen que morir para dar fruto. Las cosas deben morir para que resucite una nueva vida.

Jesús declara con valentía que "el que ama su vida, la pierde".


Al pensar en este último año, me doy cuenta de que lo que ha estado muriendo es el amor por mi vida. Pensaba que toda la pérdida de este año y el estrés que la acompañó me hizo la vida insoportable; perdí la vida que planeé y ejecuté. Con aparentemente no mucho más que perder, esta Cuaresma me está enseñando que mi amor por la vida que se ha perdido es necesario.


Necesito amar la vida que Dios ha planeado y está tratando de ejecutar para mí, no solo la vida que construí por mi cuenta.


La muerte que está ocurriendo en mí es una muerte a la autosuficiencia y el fruto que nace es un intento de dependencia total de Dios.


Jesús continúa proclamando: "El que me sirve, sígame, y donde yo esté, allí también estará mi siervo". En mi vida, me he dedicado a mi relación con Jesús, pero la mayoría de las veces solo hasta el punto de que Él hace lo que quiero o me sirve y los planes que he hecho y por lograr.


Cuando Su Voluntad se alineó con mis propias metas, fue fácil creer que realmente lo estaba sirviendo.


La pérdida de mucha comodidad y mucho de mi propio trabajo y planes ha coincidido con un mundo en el que muchos de nosotros no somos libres de perseguir nuestra propia voluntad al mismo ritmo o nivel que antes. El dolor que tanto ha definido este último año para mí se ha sentido como un castigo. Lo que estoy empezando a ver ahora es que tienen dolores de crecimiento. Los dolores que vienen de la poda que Jesús a menudo nos llama a hacer. Los dolores que surgen de moverme de un molde que he hecho yo al que hizo Cristo. Los dolores de la muerte de una vida hecha por uno mismo y el renacimiento para seguir a Aquel que da la vida. Mirando hacia adelante durante esta aparentemente interminable Cuaresma, necesito reflexionar hacia adentro sobre lo que ha muerto, por qué necesitaba morir y qué fruto puede nacer de ello.


Desde lo más profundo de mi corazón,

Angie Mendoza.

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