• Angie Menes

Una espiritualidad para tiempos extraños

Siguiendo la carta de San Ignacio de Loyola en #haciendoecopodcast


San Ignacio de Loyola fue un sobreviviente, sobrevivió a una grave lesión mortal, convalecencia, mendicidad en el camino y tiempos de gran incertidumbre. Desarrolló un enfoque para "vivir a través de la dificultad" basado en su experiencia y utilizando ciertas reglas generales. Con base en estas ideas, humildemente ofrezco algunas reflexiones y consejos prácticos que pueden ser de ayuda.


Diez consejos ignacianos


1. Viviendo en lo real.


Lo primero es aceptar esta nueva realidad que nos ha alcanzado. Esta es una transición dolorosa mientras tratamos de aferrarnos al pasado, encontrando un cambio tan radical difícil de aceptar. Las cosas que damos por sentado, como darse la mano, socializar e incluso ir a la escuela o al trabajo, han cambiado radicalmente.


El eslogan ignaciano "encontrar a Dios en todas las cosas", nos desafía a encontrar la paz al habitar esta nueva realidad, no solicitada. Por lo tanto, lo principal es aceptar la nueva realidad o "nueva normalidad". Se aplican diferentes reglas y se nos pide a todos que cambiemos nuestro comportamiento para protegernos y, de manera crucial, para proteger a los demás, especialmente a aquellos clasificados como vulnerables o con una condición de salud subyacente. Es obvio que la ciencia médica tiene que dictar nuestro enfoque, incluso dado que las instituciones médicas también están luchando para manejar esto. Ahora no es el momento para teorías privadas, enfoques alternativos o métodos no probados.


2. Enfrenta tus miedos.


Aunque el miedo, la ansiedad y la preocupación son respuestas normales a la situación actual, es importante no dejar que se hagan cargo. El miedo no es un buen consejero o guía, llevado al extremo es paralizante e inmovilizador. San Ignacio recomienda actuar directamente contra fuerzas inútiles, como el miedo, que puede motivarnos a tomar malas decisiones. Su término para esto es agere contra, que significa "actuar en contra". La clave para llegar aquí es que San Ignacio nos está instando a retroceder, a ser proactivos y a no rendirnos.


Esto podría resumirse como: "siente el miedo y haz lo mejor de todos modos".


Contempla tu mortalidad y la fragilidad de la vida a la que apunta esta crisis. La paradoja es que aceptar este hecho nos permite vivir realmente y actuar de manera apropiada. Todos los días es un regalo, un préstamo del futuro. Es un espejo que existimos en absoluto. Normalmente estamos tan ocupados "viviendo" que damos por sentado el regalo de la vida. Somos sostenidos y amados por lo divino. Tómate un momento para dejar que esta comprensión que da vida se hunda. No hay nada qué temer. De hecho, tenemos la oportunidad de ordenar nuestros asuntos aquí, hacer un balance, reconocer los fracasos y triunfos, y ver la mano del Espíritu Santo aquí. Reflexiona sobre la pregunta planteada por la poeta Mary Oliver: "¿Qué harás con tu única vida salvaje y preciosa?”

3. Evitar extremos.


Las situaciones extremas tienden a provocar reacciones extremas. Un extremo es sentirse tan abrumado que estás casi paralizado por el miedo e incapaz de practicar sensatamente las pautas recomendadas para tratar con este virus. El otro extremo es la tentación de negar o subestimar el riesgo involucrado. Tal vez puedas sentirte "a prueba de balas" como una persona joven o apático y desmotivado como una persona mayor. En ambos casos, la pregunta inútil, "¿qué me importa?" Puede estar impulsando tus acciones. Entre los dos extremos está el espacio que la mayoría de nosotros estamos llamados a habitar. Allí podemos tomar todas las precauciones necesarias y encontrar una manera de "vivir dentro de los límites" que equilibre el autocuidado con la preocupación por los demás.


El objetivo es aceptar la situación y tomar medidas de respuesta razonables, con la esperanza de poder encontrar significado y propósito en esta nueva realidad. San Ignacio usa la palabra "discernimiento" para subrayar cómo tomar buenas decisiones. Esto implica tomarse un tiempo, ser consciente de la atracción de los extremos y tratar de encontrar opciones más razonables. También incluye sopesar cuidadosamente las opciones, obtener consejos y evaluar los resultados.


4. Centrarse en la luz.


Una de las ideas cristianas centrales es que cuando la oscuridad está por todas partes, estamos llamados a mantenernos fieles y enfocados en la luz, sin importar cuán oscura parezca. Recuerda la dinámica de la cruz. En los momentos de oscuridad y aparente abandono, Dios trabaja más poderosamente. Dios está con nosotros en el desastre de las cosas. La alegría de la resurrección siempre sigue a la angustia de la cruz. Es importante reconocer que todavía tenemos opciones aquí y cómo actuamos es importante. Necesitamos asumir la responsabilidad y actuar sabiamente, sin estar paralizados por el miedo o, alternativamente, mostrarnos con una impulsividad precipitada (compras de pánico, por ejemplo). Ahora hay nuevas oportunidades de solidaridad, apoyo a otros y construcción de comunidad.

Irónicamente, los teléfonos inteligentes y las redes sociales presentan soluciones perfectas para el "distanciamiento" al tiempo que pueden comunicarse de manera que las personas sientan su presencia.


5. Mantente en equilibrio.


En tiempos de crisis o tormenta, es muy importante anclarse para no ser arrastrado por los vientos. San Ignacio recomienda mantener los ojos en el camino, un paso a la vez, avanzando constantemente. Es la imagen de un viaje o peregrinación donde atiendes a tus pies y confías en el camino. Esto significa hacer todo lo básico correctamente: descanso, estructura, dieta, ejercicio, socialización adecuada y mantenerse ocupado. El problema con este momento de gran agitación social es que las personas pueden volverse asustadas, molestas e irracionales. Podemos distraernos de hacer lo básico correctamente, quitando los ojos del camino para mirar la tormenta. Es comprensible que esto suceda, pero también tenemos el poder de controlar nuestro propio comportamiento y nuestro bienestar físico y mental. Esto significa prestar atención a nuestras necesidades humanas básicas y responder de manera saludable a ellas.


• Come bien, evita los refrigerios y la comida chatarra.

• Haz algo de ejercicio, evita largos períodos de estar sentado.

• Mantente conectado con las personas, no te aísles demasiado.

• Trata de hacer un buen uso de tu tiempo estableciendo nuevas estructuras y hábitos.


Esto es desafiante pero no imposible, normalmente lleva de 6 a 7 semanas establecer una nueva rutina. Establecer buenos hábitos nos ayudará. Tómalo gradualmente, camina paso a paso, pero sigue moviéndote.


6. Evalúa tus puntos débiles.


Mi amigo Ignacio nos aconseja reforzar nuestras defensas cuando estamos bajo ataque, recordando que son nuestras debilidades o vulnerabilidades las que a menudo se explotan. Utiliza la imagen de un castillo bajo asedio. Los invasores no asaltan la puerta principal, sino que buscan una puerta trasera sin protección o una grieta en la pared. Este tipo de crisis de salud despierta profundos temores sobre la falta de control, la descomposición de las estructuras, etc. Puede alimentar fácilmente nuestras debilidades existentes de preocupación, obsesión y comportamientos extremos (piense en cómo alguien con TOC podría verse abrumado por temores de contaminación). Una regla empírica ignaciana útil es determinar cuáles son tus puntos débiles y abordarlos primero.


Por ejemplo, reconocer que tengo miedo o ansiedad por naturaleza me permite abordar estas preocupaciones primero. Esto es motivador. Ahora tengo una estrategia. No tengo que arreglar todo, solo lo suficiente para bloquear los "agujeros". Tal vez necesites usar técnicas psicológicas como la terapia cognitiva conductual (TCC) que te pregunta si ciertos pensamientos son razonables. O puedes usar la oración concentrada para llevar la Gracia de Dios a una vieja herida.


7. Oración real.


Este es un tiempo de oración. La oración es una respuesta natural a la incertidumbre y la pérdida de control. Nos permite estar en comunicación con lo divino. Nos faculta para actuar y vivir sin miedo. La oración puede ser tan simple como una conversación o diálogo con el creador, la fuente de nuestro ser. La clave es llevar todo nuestro ser a Dios, incluidos todos nuestros temores y preocupaciones, y pedir ayuda y orientación. Dale todo a Dios, todo el miedo, preocupación y preocupación. Esto puede ser difícil ya que queremos tener el control. Es difícil pedir ayuda cuando la cultura moderna elimina la idea de la divinidad y cualquier otra cosa que no sea el individuo solitario que existe en un mundo material. Sin embargo, hay algo más aquí en estos tiempos extraordinarios. La precariedad de la vida nos está siendo revelada. Nuestra interconexión y necesidad de comunidad se está volviendo clara.


Hay un llamado para que abracemos nuestra humanidad limitada y nuestra necesidad de un amor superior. Esto no es una teoría o un concepto, es una experiencia. Inténtalo y ve que sucede.


8. Concéntrate en lo que puedes hacer.


Si bien hay muchas cosas que claramente no puedes hacer sin contravenir las pautas oficiales, hay muchas otras cosas que puede hacer de manera segura. Ve esta crisis como una oportunidad para mejorar, ser una mejor persona y ayudar a los demás. No te detengas en la negatividad y los miedos. Intenta moverte hacia la gratitud, agradeciendo las cosas pequeñas. Tómate un momento al final de cada día para mirar hacia atrás y ver los momentos de luz que solo se pueden ver con visión de fondo y reflexión. El desarrollo de la gratitud es un poderoso antídoto contra la negatividad y la apatía.

Hay varios ejemplos de acciones positivas que las personas ya están haciendo. Así que puedes:


• Controlar a los vecinos, especialmente a los viejos y vulnerables.

• Mantenerte en forma y bien, vigila tu dieta y mantén un equilibrio saludable, sal al aire libre.

• Aprovecha bien tu tiempo, toma nuevos pasatiempos.

• Usa esto como una oportunidad para construir o fortalecer las relaciones con familiares y amigos.

• Averigua qué puedes ofrecer a esta situación.

• Todos tienen un don o talento, algo que ofrecer a los demás.


Ora por el problema, concéntrate en la solución.


9. El mayor bien.


Existe un dilema en la teoría de juegos, por el cual un juego se configura de tal manera que un jugador solitario obtiene una pequeña recompensa por actuar de manera egoísta, mientras que, si todos los jugadores cooperan, obtienen una recompensa conjunta mucho mayor. Esta es exactamente la situación que enfrentamos ahora. Actuar egoístamente acumulando acciones y protegiéndose solo a uno mismo es una estrategia limitada. Todos saben que la única forma en que esto funcionará a largo plazo es si las personas cooperan. "Hay suficiente comida para todos", es el "mantra" de las tiendas, pero solo si las personas actúan de manera moderada y responsable. Esto es aleccionador pero cierto. Todos necesitamos mantener nuestros nervios y cooperar para hacer un buen uso de los alimentos y las instalaciones médicas. Necesitamos cooperar y apoyarnos mutuamente para lo que probablemente será un largo recorrido durante algunos meses. Alcanzar y hacer algo por los demás nos quita el foco y beneficia tanto al donante como al receptor. El buen Ignacio dice que "el amor se muestra en hechos más que en palabras". El impacto de una palabra, texto u oración por otro en estos tiempos excepcionales no puede subestimarse.


10. Tomar buenas decisiones.


Ahora más que nunca debemos asegurarnos de tomar buenas decisiones. Algunos de los aspectos clave de los consejos de salud que recibimos requieren una buena toma de decisiones. Observamos si estamos mostrando ciertos síntomas, por ejemplo, y decidimos obtener ayuda médica o pruebas adecuadas. Además, de manera crucial, tenemos que proteger a los demás mediante nuestro comportamiento responsable e incluso a través de nuestra ausencia en algunos casos. Algunas de las reglas ignacianas para el discernimiento son útiles aquí: recopilar tanta información como sea posible, emitir juicios buenos e imparciales sobre situaciones y personas, y actuar de manera responsable y socialmente ética.


Inevitablemente, habrá personas a las que nos enfrentaremos con decisiones complejas y desafiantes que involucran a otras personas, incluidas algunas que pueden ser médicamente vulnerables. Tendrán que poder tomar consejos, consultar sabiamente y decidir con la mente despejada. Para todos nosotros es especialmente importante no entrar en pánico o dejarse llevar por las emociones.


Aunque es comprensible en esta situación sin precedentes, las emociones fuertes pueden ser inútiles en una buena toma de decisiones. Lo que puede ser útil es imaginar un conjunto de pros y contras, actuar como el defensor de su propio demonio y tratar de encontrar soluciones imaginativas a los problemas. San Ignacio advierte en tiempos de estrés que no debemos revertir ninguna decisión sólida anterior, y tener cuidado de no dejarse llevar por el pánico para tomar decisiones precipitadas.




Unidos en oración, desde mi corazón al tuyo,

Angie Menes.



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