• Angie

Cómo buscar nuestro propio camino


Cerca del comienzo de su autobiografía, santa Teresa de Lisieux, muy honesta y abiertamente discute sus preguntas a Dios en oración acerca de por qué Él tiene preferencias por ciertas almas. Ella dice: "Durante mucho tiempo estuve preguntándome a mí misma por qué Dios tenía preferencias, por qué no todas las almas recibían las gracias con igual medida". Estaba luchando por comprender las abundantes gracias y dones que Dios da a santos específicos que les permiten lograr grandes hazañas y triunfos para la gloria de su Nombre, pero deja a algunas almas aparentemente solas o con dones "menores".


Esta es una pregunta con la que todos luchamos a veces también. De hecho, es uno de los mayores obstáculos para muchos y fuente de envidia para innumerables almas. Fíjate cuántas veces a lo largo de la historia de la Iglesia un santo ha sido víctima de la envidia de sus hermanos y/o hermanas en Cristo que buscaban su ruina. La envidia es una gran parte de lo que condujo a la crucifixión de Nuestro Señor. En nuestras propias vidas, se exhibe con frecuencia en ministerios, parroquias, familias, amigos y las redes sociales católicas están plagadas de ella.


El ego es un tirano si no lo mantenemos bajo control firme. Nos puede llevar por muchos caminos equivocados guiados por las tentaciones del Enemigo al orgullo, la ira y la envidia. La pregunta de santa Teresita a Dios es sincera, no nacida del pecado, sino de la caridad, ya que se preocupaba por las almas que creía abandonadas por Dios. Con el espíritu correcto, nosotros también podemos presentar esta pregunta ante el Señor, pero debemos estar preparados para la respuesta y aprender a someternos en santa obediencia a su voluntad. Por ejemplo, yo he tenido que luchar, no con la envidia, sino con los celos, porque todavía no tengo esposo ni familia. Muchos ex compañeros de la secundaria ya hasta están en espera de su segundo o tercer hijo. Lo mismo me pasaba con los bautismos durante la misa, con una mezcla de alegría y tristeza en mi corazón. Le preguntaba a Dios con frecuencia por qué no podía tener un esposo e hijos y clamaba en angustia a Él. ¿Por qué todos los que me rodean pueden encontrar al "amor de su vida" y formar una familia? Mis propios padres ya tenían dos hijas a mi edad.


Durante años no escuché una respuesta. No pudo darme una respuesta. No estaba preparada para ella porque todavía me aferraba a mi propia voluntad. Quería caminar por un camino diferente al que Dios ha puesto delante de mí. Hasta que dejé de tratar de seguir mi propio camino, no había forma de que Dios obrara dentro de mí. No podía ser guiada en ese momento.


La respuesta a mi propio cuestionamiento es la misma que le dio a santa Teresita acerca de los santos. Nuestros caminos están destinados a ser diferentes. ¿Por qué? Porque estamos llamados a recorrer el camino que Cristo ha dispuesto para cada uno de nosotros y, ese es el que Él sabe que nos llevará a convertirnos en los santos para los que nos ha creado... Él sabe que es el único camino para ti. Santa Teresita relata la respuesta que recibió en la oración:

Nuestro Señor se ha dignado explicarme este misterio. Me mostró el libro de la naturaleza y comprendí que toda flor creada por Él es hermosa, que el brillo de la rosa y la blancura del lirio no disminuyen el perfume de la violeta ni la dulce sencillez de la margarita. Comprendí que si todas las humildes flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su belleza primaveral, y los campos ya no estarían esmaltados con hermosos matices. Y así es en el mundo de las almas, el jardín vivo de Nuestro Señor. Se ha complacido en crear grandes santos que pueden compararse con el lirio y la rosa, pero también ha creado otros menores, que deben contentarse con ser margaritas o simples violetas que florecen a sus pies, y cuya misión es alegrar sus ojos divinos cuando Él se digna mirarlos desde arriba.

Santa Teresa de Lisieux, Historia de un alma, 28.


La rosa no envidia al lirio ni a la margarita. Las flores simplemente crecen tal como fueron creadas por Dios como un reflejo de su belleza y bondad. Lo mismo es cierto para nosotros. No estamos llamados a preocuparnos demasiado por los caminos de quienes nos rodean. San Pedro le pregunta a Nuestro Señor sobre el camino de san Juan y Cristo le dice que no es de su incumbencia. Debe seguir su camino. Para usar las imágenes de Teresita, no estamos llamados a cuestionar las otras flores en el jardín y por qué no somos una flor diferente. Simplemente debemos florecer y volvernos radiantes ante Dios y los hombres para la salvación de las almas.


No puedo decir que esta lección fue más fácil para mí que para san Pedro o que tuve la sencillez y el amor de santa Teresita para abrazar esta respuesta de inmediato. Luché mucho para abrazar mi propio camino, para caminar el camino de la cruz con Cristo. Lidié durante años para ser una flor diferente en el jardín, pero aprendí por las malas que Cristo no puede revelarnos nuestro camino hasta que lo abracemos por completo, hasta que nos abramos a su voluntad. Mientras luchemos contra Dios y tratemos de ser lo que no somos, Él no puede llevarnos a donde quiere que vayamos.


Cuando finalmente me rendí a Él, las cosas comenzaron a tener sentido.


Tuve que aceptar que simplemente soy una flor diferente de las mujeres que están llamadas a criar muchos hijos o de aquellas que ya a mi edad están viviendo su vocación al matrimonio. ¿Saben? Él me ha pedido que abrace mi soltería para Sus sacerdotes como su madre espiritual... Me ha llamado a estar como madre en un momento en que el sacerdocio está sufriendo inmensamente.


Por mi vida, no pude entender la conexión con mi soltería hasta que algunos sacerdotes confesores me explicaron que, esta me permite "sufrir" junto a los sacerdotes que han hecho una promesa de celibato y renunciar a sus propios hijos naturales. Me permite caminar en estos dos mundos, el de la soltería y el del sacerdote célibe. Todavía no lo entendía completamente ya que la mayoría de las madres espirituales de los sacerdotes tienen muchos hijos o son religiosas célibes, pero estoy llamada a esto de acuerdo con Su voluntad y para la santificación de Sus sacerdotes. He tenido que aceptar que gran parte sigue siendo un misterio pero, sé que es lo que Él está pidiendo y eso es suficiente.


La próxima vez que estemos luchando por abrazar nuestro propio camino y los dones únicos que se nos han dado, recordemos estas palabras de nuestra pequeña flor:

Ellos [los Evangelios] arrojaron una luz clara sobre el misterio de mi vocación y de toda mi vida, y sobre todo sobre los favores que Nuestro Señor ha concedido a mi alma. Él no llama a los que son dignos, sino a los que Él quiere. Como dice San Pablo: "Dios tendrá misericordia de quien Él tenga misericordia". Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

Ibíd., 27


Nuestro camino es, en última instancia, hasta Dios. Los dones que Él nos concede, así como a los demás, dependen de Él. Así también, el camino de nuestro prójimo está en las manos de Dios. Es nuestro trabajo seguirlo e ir a donde Cristo nos lleve. Es solo abrazando nuestro camino completamente que podemos convertirnos en el santo (o santa) que nos llama a ser para su mayor gloria.


Al discernir su propio camino, santa Teresita vio que no estaba llamada a ser una de las grandes santas de la Iglesia; los "gigantes" como ella los llamaba. Ella quería caminar por el camino pequeño, completamente dependiente de Dios. En una de las más bellas expresiones de la bondad y el amor de Dios por ella, fue elevada a Doctora de la Iglesia por su pequeñez. Logró el estatus de "gigante", pero solo porque buscó vivir la voluntad de Dios para su vida, no su propia voluntad o la voluntad de los demás.


El Padre nos elevará a cada uno de nosotros donde quiere que estemos si nos entregamos completamente a Él y a sus planes para nuestras vidas.


Desde mi corazón al tuyo,

Angie Mendoza.

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