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Los 3 regalos del Jueves Santo

  • Foto del escritor: Oscar
    Oscar
  • 30 mar
  • 2 min de lectura

3 días antes de resucitar, 3 grandes regalos nos dejó Jesús. Al llegar su hora, quiso adelantarnos de algún modo la promesa que haría después de resucitar: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28, 20).


Es Jueves Santo, inicio del Triduo Pascual. En la celebración de la Cena Pascual, el Señor transforma una tradición judía en un inconmensurable acto de amor: la institución de la Sagrada Eucaristía, presencia real de Cristo en cuerpo, sangre, alma y divinidad. Presencia diaria, hasta el final de los tiempos. Para adorarlo, para recibirlo, para alimentarnos de Él. Fuerza y sostén tanto en los tiempos difíciles como en los remansos de paz.


Sí, así lo prometió, y así lo cumple día tras día. Y para ello, nos dejó un segundo regalo: la institución del sacerdocio ministerial: “Hagan esto en memoria mía” (Lucas 22, 19).


Agradecer a Jesús por el don de la Eucaristía lleva también a agradecerle por el sacerdocio, que hace posible esa presencia. Y esa gratitud se vuelve concreta cuando recordamos a los sacerdotes que han servido nuestra fe: el de la parroquia, el amigo, el pariente o aquel conocido que, de un modo u otro, ha sido reflejo del cuidado de Dios. Toda muestra de afecto hacia ellos tiene valor.


Y al recordar estos dos grandes regalos, vendrá a nuestra mente y a nuestro corazón la gratitud al Señor por ese tercer gran regalo: el mandamiento del amor. “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros como yo los he amado” (Juan 13, 34). Porque es un mandamiento que no se impone por la fuerza, sino que brota del ejemplo de Cristo. Es la insignia del cristiano, lo distingue en el mundo y lo guía en su camino hacia su destino último: el cielo. Porque el Señor nos dejó el amor como herencia y como mandato, para caminar sin dudas tanto en los días de gran luz como en las noches de profunda oscuridad. Y para no desfallecer en el amor, estará siempre ahí, al alcance de nuestra vida, el Amor escondido en la hostia, y los sacerdotes para ofrecérnoslo.


Sí, son 3 grandes regalos los que encierra el Jueves Santo. El Señor, que habría de entregarse por completo en su Pasión, nos dejó en esa noche santa dones inmensos de su amor, pues reservó su último gran regalo, su propia Madre, para la hora de la cruz.

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