¿A dónde iríamos?

«Señor, ¿a quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6,68).


Siempre me ha llamado la atención este pasaje e imagino cuál habría sido mi respuesta si yo fuera uno de los discípulos. Esta escena ocurre justo después de que Jesús ha proclamado que Él es el Pan de Vida, y desconcierta a muchos de sus discípulos al decir: “Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él” (Juan 6,55). Después de escuchar esto, muchos de ellos se alejaron, incapaces de recibir tal enseñanza y reconciliarla con su propia cosmovisión. Al verlos ir, Jesús se vuelve hacia los Doce y les pregunta si ellos también se irán. Pero Simón Pedro responde: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6,68).


Creo que esta escena en las Escrituras es profundamente relevante para nosotros hoy. Están sucediendo muchas cosas en el mundo que están causando confusión, miedo y desesperación. Muchos de nosotros estamos experimentando pérdidas importantes, inestabilidad y falta de control. Las cosas que alguna vez fueron constantes en nuestras vidas están siendo cuestionadas y ya no brindan el mismo nivel de seguridad que antes. En todo esto, Jesús nos pregunta, tal como lo hizo con los Doce Apóstoles, si nosotros también nos alejaremos de él. ¿En quién depositamos nuestra confianza?


Para mí, ha sido extremadamente tentador perder la esperanza al observar la confusión, las dificultades y la ira que rodean al COVID-19 y sus impactos en todos los aspectos de nuestras vidas. Muchos de nosotros estamos desanimados por las tendencias recientes en la política y el futuro de nuestro país. Existe un nivel aún mayor de división y animosidad entre personas de diferentes opiniones e ideologías. Muchas de las cosas sobre las que hemos construido nuestra confianza, ya sea la seguridad financiera, las estructuras políticas, los deportes e incluso la actividad social, se han tambaleado en sus cimientos. Incluso las cosas que son muy buenas, como estar junto a otras personas en persona, nos han sido arrebatadas indefinidamente.


Entonces, ¿a dónde iremos? Nos enfrentamos a la incómoda realidad de que no hay nada en este mundo en el que podamos confiar verdaderamente. Lo único, la Única Persona, digna de nuestra total confianza es Nuestro Señor. Quizás estos tiempos difíciles puedan aclarar nuestra visión y ayudarnos a ver que el único que es verdaderamente constante, verdaderamente digno de confianza y verdaderamente digno de perseguir es Jesucristo. En este momento, los jóvenes, especialmente, podrían sentirse desanimados por la inestabilidad que enfrentan en nuestro mundo actual. Aunque estamos llamados a evangelizar con valentía la cultura, es importante mantener nuestros ojos fijos solo en Dios y poner toda nuestra esperanza en Él, porque solo entonces podremos estar verdaderamente satisfechos.


Esta imagen me recuerda el tiempo que pasé con la gente hermosa que vive en un pueblito de Morelos. Después de conocer a varios de ellos, quedó claro que su esperanza no estaba puesta en las cosas de esta tierra. No fueron engañados por la riqueza, el éxito o el poder, pero vivieron con gozo y esperanza en su hogar eterno. Recuerdo que le pregunté a un hombre anciano que vivía solo en su casita de madera, cómo se mantenía tan feliz en medio de circunstancias tan difíciles y simplemente me miró y dijo: "No me voy a quedar aquí, voy al cielo". Este hombre tenía una visión clara del propósito de esta vida y hacia dónde se dirigía, algo que ha permanecido conmigo hasta el día de hoy.


Entonces, ¿dónde pondremos nuestra confianza? Pidamos al Espíritu Santo que aclare nuestra visión para que nuestra esperanza se pueda poner solo en Dios. Mientras continuamos nuestro trabajo como testigos apasionados del Amor, mantengamos nuestros ojos fijos en nuestro hogar celestial, porque, después de todo, ¿a dónde más iríamos?


Desde mi corazón al tuyo,

Angie Menes.




723 vistas

Entradas relacionadas

Ver todo