• Omar

¡Aquí estoy Señor!

De noche, en una visión, Dios dijo a Israel: "¡Jacob, Jacob!" -"Aquí estoy", le dijo.- (Génesis 46, 2)

¿Cuántas veces en la vida has escuchado el llamado de Dios?

¿Cuántas de esas veces le has respondido?

¿Cuántas veces te has hecho sordo a Su voz?


Dios tiene un plan muy especial para cada uno de nosotros, un plan genial y personalizado, diseñado solo para tí. Pero para que ese plan se lleve a cabo al 100% Dios necesita de nuestra aceptación, recuerda que Él va a respetar tu libertad y no va a interferir con tu voluntad nunca. Y es más: en su infinita caridad, Él estará esperando hasta el momento en que decidas hacer caso a su llamado.

Recordemos las palabras de Jesús cuando dice a sus discípulos: "Si, pues, ustedes, siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más nuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!" (san Mateo 7,7).


Si has creído haber sentido o escuchado el llamado de Dios, seguramente así ha sido. Y si Dios te ha llamado, ¡respóndele! Voltea hacia Él y pregúntale qué es lo que quiere de ti, qué es lo que espera de tí, cómo quiere que uses tus dones para el bien de los demás, para darte al prójimo, qué cargas necesitas dejar atrás para seguirle verdaderamente; te aseguro que sea lo que sea que te pida, existe una razón para hacerlo, una razón que va de acuerdo al plan que Él tiene para ti y que está en tus manos el realizarlo o no. Para dejarlo claro: no quiere decir que tu vida esté ya escrita o predestinada... nada de eso. Simplemente quiere decir que Dios ha puesto en tu mira una meta y que depende de ti, de tu voluntad y tu libertad, llegar a ella valiéndote de los dones que Dios mismo te ha dado.


Esa meta, es el cielo. La santidad, la vida eterna.

Hay muchas personas que a lo largo de la historia han respondido al llamado de Jesús y cuyas vidas han tomado un curso que solo Dios puede guiar. Toma por ejemplo al santo de tu preferencia, sin embargo no solo en los santos de Dios podemos encontrar testimonios de vidas ejemplares, de vidas que han cambiado de curso al encontrarse con Cristo. Seguramente también muchas personas a tu alrededor, personas de tu misma condición, edad, posibilidades y/o limitaciones: la catequista de tu colonia, el vecino que va de misiones a comunidades pobres a compartir su tiempo, algún familiar que está en el coro de la Parroquia, tus compañeros de clase que han asistido a un retiro, aquel amigo de la escuela que ahora es sacerdote, y como ellos; muchos más.


Todas estas personas que han estado en tu camino y que te han mostrado una cara del efecto del amor de Dios en el prójimo, son destellos que Dios mismo quiere que voltees a ver para decirte "sígueme". Él se vale de absolutamente todo para tener tu atención, para lograr robarte un minuto y volver a tocar la puerta de tu corazón.


¿Cuántas veces más quieres que te llame Dios para que le hagas caso?


En verdad, no existe un máximo de veces, Dios nunca se va a cansar de llamarte por más que le hagas caso omiso. ¿Puedes creerlo? ¿Tú le seguirías insistiendo a alguien que se empeña en darte la espalda? Pues Dios si lo hace: y esa es una de las más grandes pruebas de su infinito amor por ti, y mientras más lejos te sientas de Él, más cerca estará Él de ti para cuando decidas pedirle que lleve tus pasos.

Te lo digo de corazón; la próxima vez que te llame dile: "Aquí estoy", tal como Jacob lo hizo en la lectura del Génesis citada al inicio. Si lo haces y te abandonas en Él, tu vida cambiará por completo. Es comenzar a caminar hacia la meta que Él ha puesto en nuestros corazones, es poco a poco practicar el dejarnos guiar por Él. Y si te sientes poco preparado o poco digno para las tareas que Dios te encomiende, recuerda que Él no elige a los preparados, sino que prepara a los elegidos. Y la Historia de la Salvación está llena de ejemplos en donde puedes corroborar que la acción de Dios hace posible lo imposible. Lo único que necesitas es decirle "sí Señor, que se haga tu voluntad en mi vida". Hazlo, no te arrepentirás.

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