Amar a tiempo

En un mundo que va tan deprisa, no nos caería mal agregar unas horas extra al día, ¿no?


Estaría increíble que el movimiento de rotación de la tierra fuera más lento para que a las 24 horas se le sumaran por lo menos, un par más. Y bueno, seguramente las cosas son como son porque así tienen que ser pero, nada cuesta soñar. A veces la rapidez de estas nuevas dinámicas nos hacen llenarnos de actividades, de querer señalar cada espacio en nuestra agenda sin dejar nada libre; la rapidez nos lleva con ella y no nos queda mas que subirnos a ese tren para no quedarnos atrás. Hay mil actividades que podemos hacer en un día: trabajo, estudio, apostolado, segundo trabajo, atender a familia, amigos, novio o novia, esposo o esposa, hijos, tercer trabajo… y es que si el día durara 30 horas tal vez seguirían sin ser suficientes.


Es totalmente válido, el agua se hizo para correr no para estar estancada.

Pero también es verdad que el agua tiene la propiedad de dar vida, y en ocasiones esas dosis tienen que ser muy puntuales y en medida justa, ¿esto qué tiene que ver con la vida ajetreada? Que si bien, es bastante provechoso para el ser humano estar en constante actividad, sobre todo si esta es útil para uno mismo y para los demás, hay que saber hasta dónde y en qué medida. Decía San Josemaría Escrivá de Balaguer:


«Haz lo que debes y está en lo qué haces».

Hay tantas cosas que tal vez “deberíamos hacer”. Podríamos crear una lista inmensa de esas responsabilidades, pero como seres limitados e imperfectos, es un tanto complicado cumplir una lista así. San Josemaría no plantea que tenemos que resolver el mundo, solo nos sugiere dos cosas muy sencillas: según el estado de vida, profesión y/o situación, te puedes plantear “¿qué debo hacer? ¿Qué responsabilidades tengo? ¿Qué decisiones he tomado que requieran de mi participación activa?” La respuesta es lo que debes, ¿y cuál es este dichoso deber? siempre seguir los pasos de Cristo, o sea, amar. Amar porque al hacer lo que debes, cometes un acto de justicia haciendo el bien. La otra sugerencia es “estar en lo qué haces”. Bien podemos realizar un reporte o una de esas actividades que ya hacemos diario y no requiere de nuestra razón totalmente; podemos hacer como que hacemos, podemos incluso hacer mal las cosas por distracción o desgana. Cuando te encuentras haciendo lo mismo de siempre, se suele perder la participación activa y lo hacemos como algo de fondo, y lleva a divagar ya sea en cosas del pasado, anhelos a futuro o escenarios completamente irreales.

¿En qué tiempo se sitúa el amor? Para nuestra bendición, se sitúa en Dios, que es el amor mismo, y para Él no existe tiempo.

Sin embargo, para el ser humano sí, y es bastante tajante. En el único tiempo que podemos amar es en el presente, es estando en lo que hacemos, de manera consciente, a pesar de tratarse de una actividad que ya conocemos demasiado bien. Estar en lo que hacemos es mirar la realidad y aceptarla, apropiarnos de ella para hacer el bien. Si sumamos estas dos cosas: hacer lo que debemos y estar en lo que hacemos, tendremos la fórmula adecuada para realizar nuestras tareas del día a día, y posiblemente estas se realicen de manera más eficaz y con mejor resultado. Posiblemente no le agregue horas al día pero sí hará de más provechoso nuestro tiempo. Es común ir de prisa cuando se tienen muchas actividades programadas, pero hay que recordar que al final del día no vas a una junta, a una reunión o a seguir un horario: ¡vas al cielo! Y para llegar ahí no es necesario ir de prisa, pero sí que ames en cada cachito de presente que vivas.

125 vistas

Entradas relacionadas

Ver todo