¿Queja o alabanza?

Recientemente me ha tocado vivir sin remedio muchas cosas que no me gustan o me incomodan, y precisamente suceden luego de que me propusiera la meta de cambiar mis quejas por alabanzas a Dios, y es impresionante, tengo como 1000 quejas atoradas en la garganta queriendo salir a envenenar a otra persona, porque no sé si te has dado cuenta, pero la queja no sirve de nada, lo único que hace es exaltar lo malo, es salir a envenenar e intoxicar tu espacio próximo y a los que te rodean. La queja es cómo el ser alienígena que convirtió a Spiderman en black Spiderman, que se quedaba pegado a él potenciando lo malo, cambiándolo por completo, volviéndolo más malvado a cada segundo.


Pensando y viviendo esto, me propuse pedirle a Dios que me ayudara a salir de esto, y es que, en ocasiones el quejarse e incluso poner excusas (que es como la niña pequeña de la queja), pasan desapercibidas en nuestro examen de conciencia. Cuidado con lo que puedes estar pensando en este punto, no te estoy diciendo que seas conformista ni tampoco te estoy diciendo que no reclames justicia, sólo me refiero a que reconozcas cuando estás quejándote sin sentido, cuando eso no resuelve nada, cuando lo haces rutina de tu vida y cuando empiezas a traspasarle la queja frecuentemente a todos los que te rodean.


Quiero ofrecerte unos datos para esto, cuando te quejes ponle la lupa a tu queja y piensa si es apropiada o si no estás aceptando lo siguiente: Justicia, Voluntad y Providencia divinas.


Cómo cristianos debemos ser personas de fe, y si al leer la línea anterior te preguntaste ¿Cómo puedo saber si es Justicia Divina, Voluntad Divina o Providencia Divina? te tengo la respuesta: Discernimiento, debes orar sin desanimarte cómo nos mandó el Señor.


Quiero a la luz de la Palabra en Mateo (13, 31), que ilustremos esto que les digo, en la parábola del árbol de mostaza: "El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y lo sembró en su campo, el cual es el más pequeño de todas las simientes; más cuando ha crecido, es el mayor de todas las hortalizas; y se hace árbol, de modo que vienen las aves del cielo y se posan en sus ramas"... Si yo hubiese estado cerca le preguntaba al Señor: ¿y... ya? ¿Y la explicación Señor? ¿Qué hay de malo en los pájaros?


¿Qué tiene que ver una semilla, un árbol y unos pájaros con mi vida y lo que no me gusta?


Precisamente en el inicio del pasaje nos indica el evangelista que, un hombre sembró la semilla en su campo, eso quiere decir que sin esto no puede suceder lo demás, estemos claros que es el requisito indispensable, para que podamos continuar con este paralelismo entre la Palabra de Dios y nuestra vida. Esa semilla no es otra cosa que aceptar a Jesús como nuestro Salvador, haber tenido una conversión, habernos encontrado con Él... es entonces cuando empezará a crecer nuestra fe, nuestra vida espiritual, nuestra relación personal con Dios. Creo que ya debes haber deducido que esto último es lo que representa al árbol de la parábola, ¿verdad?, veamos entonces qué son los pájaros.


Suena muy hermoso cuando el Señor emplea el término "las aves del cielo", sin embargo analicemos que naturalmente ellas son agentes externos al árbol, es decir, no crecen con él sino generalmente en él, se aprovechan de él. Hacen su nido entre sus ramas, o dentro de ellos haciendo orificios, llegan a comer sus frutos, rasgan sus ramas con las uñas de sus patitas, juegan, pelean, tumban sus hojas, hacen sus necesidades en él, en fin, las aves lo necesitan para vivir. Mientras más grandes son los árboles, más aves llegan, más conviven en él, más especies diferentes lo habitan. Pues bien, esas aves que el Señor menciona en la parábola representan: pensamientos, situaciones, debilidades, pruebas, vicios, pecados recurrentes, puntos de vista, y tantas cosas más; es más cuando digo "situaciones" también digo relaciones de pareja, de amistad, empleos, compañeros de trabajo, familiares, y un gran etcétera.


Ya ves que los pájaros entonces no son algo bueno, usan el árbol, lo necesitan para crecer, para reproducirse, esos elementos que describí anteriormente, necesitan de tu relación personal con Dios, necesitan que pongas en práctica los valores cristianos para usarte, para llegar a ti, para que a medida que crece tu vida espiritual, venir a posarse. Por su parte el árbol sólo puede seguir creciendo o morir, si muere ya no vendrán los pájaros, si crece vendrán más, por lo que el sufrimiento es parte de nuestra vida... que sigas al Señor no significa que no sufrirás o tendrás que vivir situaciones que no te gustan, la diferencia está en que sabrás que Dios no te abandonará en ningún momento, por lo tanto esfuérzate y sé valiente, si quieres servir al Señor prepárate para la prueba, porque el oro se refina en el fuego, pero no temas ni desmayes porque el Señor estará contigo hasta el fin del mundo.


Y quizás te preguntarás, ¿dónde está el Señor en esta parábola?


Termino con esto diciéndote que no lo dijo específicamente allí, pero si lo dijo muchas veces en otras oportunidades: "Yo Soy la luz, Yo Soy el agua", ¿será casualidad que eso mismo es lo que necesita un árbol para crecer y dar frutos?

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