• Reyna

Solo Dios basta

“Siempre encontramos que aquellos que caminaron más cerca de Cristo fueron los que tuvieron que soportar mayores pruebas” .

Santa Teresa de Ávila



Durante el mes de octubre recordamos a una de las santas místicas más importantes, cuyo legado espiritual sigue ayudando a muchas almas a encontrarse con Aquel que habita en la morada principal de nuestro castillo interior (alma), sí, me refiero a santa Teresa de Jesús, también conocida como santa Teresa de Ávila (lugar donde nació) o santa Teresa "La grande", maestra de oración y espiritualidad.


A través de este escrito, quisiera que quienes me leen pudieran darse la oportunidad de conocer esta gran santa que terminará convirtiéndose en una gran amiga espiritual. Mi relación con santa Teresa de Ávila se fue forjando desde pequeña sin que me diera cuenta, mis papás procuraban que participáramos en la santa misa en un templo perteneciente a la orden de los carmelitas descalzos, ahí escuché hablar sobre ella. Con el pasar de los años y entrar en la preparatoria (estudié en un colegio católico para niñas durante mi niñez y adolescencia), durante las ceremonias de graduación ocurría un hecho que llamaba poderosamente mi atención: mi maestra de literatura solía despedir a sus alumnas recitando un fragmento de un bello poema, cuyos versos resonaban en mi corazón dejando en él un remanso de paz. Nunca pensé que ese poema marcaría muy hondo mi vida convirtiéndose en un faro en medio de las noches oscuras…


“Nada te turbe, nada te espante” ... (reza el primer verso de esta joya).

A partir de ahí, santa Teresa de Ávila empezó a hacerse “la encontradiza” poco a poco, pero más durante un periodo difícil que estaba a travesando en mi vida por cuestiones familiares. Justo ahí recibí la invitación para estudiar un diplomado sobre Desarrollo Humano y Espiritualidad en el centro de espiritualidad carmelitana del templo. Recuerdo que, durante la primera clase, la maestra nos dijo que fuéramos perseverantes, porque el viaje que estábamos a punto de iniciar sería duro, pero necesario para sanar y desarrollar el alma. He de admitir que al principio me parecieron un poco exageradas sus palabras, pasando el tiempo comprobé que no lo eran, el Señor permitió que la barca de mi vida atravesara por tormentas duras que ayudaron a transformar poco a poco mi alma, pues, así como el fuego purifica al oro, el dolor lo hace con el alma. Como decía mi maestra “No tengan miedo de tocar el dolor, porque ahí está la sanación”.


Enseñanzas para la sanación


Para sobrellevar este proceso, Dios me envió a mi amiga santa, quien había pasado por tormentas peores y me enseñaría a poder enfrentarlas dándoles sentido de eternidad. Lo primero que aprendí es la importancia del autoconocimiento, pues a través de él podemos ser conscientes de quiénes somos, de nuestra dignidad de hijos amados de Dios, pero también de nuestro propósito en la vida, para lo cual es necesario reconocer cómo es nuestra relación con Dios, y más aún, cuáles son nuestras heridas, defectos, virtudes y todo aquello del pasado que ha marcado para bien o para mal nuestro corazón, y que puede impedir o facilitar nuestro encuentro con Él.


Recordemos que para santa Teresa de Jesús, el alma es un castillo al que se accede por medio de la oración, dentro del mismo se encuentran distintas habitaciones/moradas (algo así como las etapas de desarrollo del alma para alcanzar el matrimonio espiritual, la unión perfecta con Dios), justo en el centro del castillo se encuentra la habitación principal en donde habita Dios. En este camino de acceso a nuestro castillo interior, el autoconocimiento es pieza clave pues “el conocimiento propio es el pan con el cual se han de comer los manjares espirituales” y “jamás nos acabamos de conocer, si no conocemos a Dios”, es decir, un verdadero autoconocimiento va de la mano de Dios, pues, ¡quién más nos puede revelar la verdad de nuestro ser sino Aquel que nos creó y nos ama!, es decir, nos conoce a la perfección. En la medida en la que conocemos a Dios, nos conocemos a nosotros mismos y alcanzamos la humildad, pues al reconocer su grandeza, podemos reconocer nuestra bajeza… “humildad es andar en verdad”.


Otra enseñanza de Santa Teresa de Jesús, que me sostuvo en los momentos más difíciles, fue el abandono en el Señor. Leyendo el “Libro de la Vida”, autobiografía de la santa, pude darme cuenta de que sus bellas frases y poemas no son fruto de un intelecto bien educado, sino de la experiencia del amor de Dios. Ella misma está a favor de la educación de las religiosas, pero de nada serviría esta si no va acompañada de la oración, es decir, “tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas, con quien sabemos nos ama”.


A veces podemos pensar que los santos vivieron una vida muy fácil, por ello pudieron permanecer fieles en su fe y amor a Dios, pero en realidad es todo lo contrario. A santa Teresa se les atribuye la famosa frase “Señor, no me extraña que tengas tan pocos amigos si así tratas a los que tienes”, la cual es un reflejo de las penalidades que en vida experimentó, pero el amor a su Amado era aún más grande que todo el dolor, pues Él se había sacrificado por amor a ella, justo esto fue lo que propició su conversión a la edad de 39 años cuando vio en su habitación a un Cristo muy llagado, eso le partió el corazón y se dio cuenta que los veinte años que llevaba de religiosa no los había vivido con fervor, ahí empezó a entender que era momento de dejar el timón de la barca de su vida en manos de Dios, abandonarse en Él, pues la llevaría a puerto seguro. Ese abandono, o sea, el dejar que se haga la voluntad de Dios en nuestra vida, es la mayor prueba de amor que le podemos dar a Él, pues solo se confía en quien amamos de verdad. Santa Teresa se dio cuenta que todo, absolutamente todo pasa, excepto el amor de Dios; aunque las tormentas puedan golpear duro y traer dolor consigo, no debemos turbarnos ni perder la esperanza, pues el Señor nos acompaña; las personas, por mucho que las amemos no son eternas ni tampoco perfectas, y nos pueden dañar, sin querer, al igual que nosotros a ellas, por eso hay que aprender a perdonarnos y a perdonar; y el temor solo lo echa fuera el Amor.


En los momentos de mayor angustia, de la mano de santa Teresa experimenté el abandono en el Señor y les puedo decir que Él nunca defrauda, si permite el dolor es por un bien mayor, tiene el propósito de hacernos madurar para alcanzar la santidad, pero más aún, no nos deja solos, y nos pone en el camino a personas a través de las cuales sentiremos su amor y ayuda.


Cada que enfrento una situación difícil procuro traer a la memoria las palabras de Santa Teresa de Jesús:


"Nada te turbe,

nada te espante,

todo se pasa,

Dios no se muda.


La paciencia

todo lo alcanza;

Quien a Dios tiene

nada le falta:

Solo Dios basta".


Los invito a que hagan lo mismo, comprobarán que es verdad que “Solo Dios basta…”

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