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"¡Ite ad Ioseph!"

¡Acudid a José!, es la recomendación que Dios nos hace desde tiempos inmemoriales.


Es una gran dicha contar con nuestra fe, pero cuando nos adentramos a los contextos históricos, además de reconfortante, nuestra Tradición cristiana resulta aún más apasionante.


En el Antiguo Testamento se narra una de las historias más increíbles del mundo antiguo: un joven pastor, víctima de los celos y la envidia de sus hermanos, es vendido a un grupo de mercaderes del desierto. Se hizo acreedor a estos oscuros como injustos resentimientos, por ser objeto del cariño y preferencia de su Padre, Jacob. Pero los designios de Dios le tenían preparado un destino que ni en la más rebuscada novela ficticia podría haberse narrado: pasar de ser el más humilde esclavo, a convertirse en el hombre más poderoso, después del Faraón, en el Egipto del siglo XIV antes de Cristo.


¿Cómo lo logró? Sin proponérselo, solamente siendo honesto, recto de intención y acción, y descifrando aquellos sueños que, como acertijos inquietaban al Faraón. Su posición privilegiada la usó para atender las necesidades del pueblo egipcio, pero en un período de escasez y apremio de hambruna, le valió salvar de la calamidad a su propia familia, quien sin saber con quien trataba, acudió a su generosidad en un acto desesperado. José no cedió a los sentimientos de venganza para desquitar la mala acción de sus hermanos, sino que por el contrario perdonó y prodigó la ayuda necesaria para sacarles del agobiante acecho de la estrechez material.


Mil cuatrocientos años después, José, casto Esposo de María, padre adoptivo de Jesús por designio de Dios y docilidad del Santo Varón, en una prodigiosa analogía de hechos y circunstancias refrenda la nobleza de su nombre y nos deja un legado de confianza en Dios mediante la obediencia de actuar fiel a los deseos del Señor, y con episodios que también tenían que ver con revelaciones hechas en sueños.


Y así, es en sueños que Dios le pide a San José aceptar a la Santísima Virgen María como su Esposa para cuidarla y protegerla - a Ella y a su Hijo -, y ser cabeza de la Sagrada Familia, providente en bienes materiales y en principios morales de acuerdo a la tradición judaica. Y, en otro sueño le apercibe del peligro de muerte del pequeño Jesús por la tremenda persecución de Herodes, que a similitud del José de Jacob, preso estaba de los celos y envidias de ese "Rey" que acababa de nacer. Con esa confianza total puesta en Dios, huye a Egipto (¡sí, a ese Egipto del José de Jacob!) para años después, también siendo anunciado en sueños, volver a su tierra a vivir una vida de familia y trabajo.


En Egipto, ante las necesidades del pueblo, el Faraón decía "Acudid a José, él les dirá qué hacer", lo que me recuerda aquel famoso "haced lo que Él les diga" que pronunció la Madre de Jesús, en las bodas de Caná; ¡cuántas analogías que son signos de su irrefutable origen: un Padre providente que nos ha regalado su amistad y su protección, la cual, por sus insondables decisiones, quiere que en ocasiones la solicitemos por la intercesión de María y de José!


Narraba un miembro del Opus Dei que, el fundador, San Josemaría Escrivá solía utilizar un llavero para colgar la llave del Sagrario, que llevaba la inscripción de "Ite ad Ioseph". En su admirable perspicacia, el padre de algún modo se daba sus mañas para ligar su cotidianidad con "industrias humanas", es decir pequeñas acciones que servían de elementos de recordación que, le mantenían durante el día, consciente de arrancar de su mente un pensamiento o recuerdo que, le hiciera presente a Dios durante el vaivén del día a día.


Pues es así como hemos podido adentrarnos un poco en ese amplio mar de todo lo que se desprende de esa sencilla frase, que daría para horas y horas en lo espiritual tanto como en lo histórico. Ojalá te haya gustado este pequeño relato, y que sirva de inspiración para que en las dificultades, pequeñas o grandes, en esos agobios de la vida, en los momentos de tristeza o desesperación, e incluso porqué no, en las alegrías desbordantes, siempre tengas en tu mente y en tu corazón, a ese Dios Misericordioso que te abre un camino suave y terso para conducirte a Él: "acudir a José".


Haz la prueba y experimentarás porque su ganada fama de intercesor infalible.


En este Año Jubilar de San José, tenlo presente de manera más especial.

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