Los ángeles también van al purgatorio


La Ascensión (detalle), Benjamin West. Óleo, 1801. Museo de Arte Denver, Colorado.

En este artículo tratamos sobre el papel que tienen los ángeles en el purgatorio, sobre todo el de nuestros guardianes, y por qué es tan importante acudir siempre a ellos, tanto en las malas como en las buenas.


Desde niños nos enseñan que cada uno de nosotros tiene un ángel que le acompaña todo el tiempo, que le custodia y protege en todo momento. Que debemos dirigirnos con frecuencia a él, hacernos amigos y rezarle diferentes oraciones, sobre todo por la noche antes de dormir para que vigile nuestro sueño… Pero, ¿para qué exactamente es todo esto?


No todos lo sabemos, pero cada 2 de octubre, día en que celebramos a los Ángeles Custodios, estos bajan al purgatorio por las almas de sus «ahijados», purificándolos del pecado y llevándolos de la mano hacia la presencia de Dios.


¿Pero qué —o quiénes— son los ángeles?


Se sabe por fe, tal como explica San Agustín, sobre la existencia de seres espirituales que con todo su ser son servidores y mensajeros de Dios, agentes atentos a sus órdenes y su palabra. Del mismo modo, al ser criaturas creadas por Dios para Él, le pertenecen pero están dotados de inteligencia, voluntad y libertad. Según indica el Catecismo de la Iglesia Católica, los ángeles, tal como nosotros los humanos, «son criaturas inteligentes y libres que deciden por voluntad propia su camino a seguir y su último destino».


Sabemos también, por testimonio de las Sagradas Escrituras, de la Tradición y por enseñanza de los santos teólogos, que entre las diversas tareas encomendadas por Dios a los ángeles (aparte de protegernos de los enemigos del alma, y asistirnos y guiarnos en nuestra vida espiritual) está la de iluminarnos sobre la realidad del Purgatorio y estimularnos a rezar por las almas que allí se encuentran. Pues son los encargados de evangelizar y anunciar las verdades reveladas por Dios.

El Ángel de la Guarda (detalle), Marcantonio Franceschini. Óleo, 1716. Galería Digital de Arte Dulwich, Londres.

Dicha tarea viene encomendada especialmente a los ángeles custodios, que cada uno de nosotros tiene desde el momento de nuestro nacimiento y que nos acompaña hasta el último aliento al morir.


Pero no todos los ángeles trabajan para Dios para ayudarnos. Existen innumerables ángeles caídos que, entre su principal misión está la de hacernos caer también y separarnos de Dios, llevándonos a perder Su amistad. Este es otro tema a tratar en otro artículo por lo extenso y rico en contenido, pero explico con brevedad.


A diferencia de los humanos, los ángeles actúan con odio y desobediencia a Dios por elección libre e irrevocable, haciéndose a sí mismos malos. No por defecto del pecado original y debilidad como nosotros, sino por decisión propia. Pues ellos ya conocían toda la Verdad y conocían perfectamente a Dios antes de tomar la decisión de desobedecerle y separarse de Él. Es por ello que estos ángeles no tienen perdón y fueron desterrados del Cielo. Son llamados demonios. Tal como decía San Juan Damasceno: «no hay arrepentimiento para ellos después de la caída, como no hay arrepentimiento para los hombres después de la muerte».


El Ángel de la Guarda protegiendo al niño del imperio del demonio (detalle), Domenico Fetti. Óleo, 1618. Museo del Louvre, París.

Por esto mismo es que nosotros debemos trabajar en esta vida por obrar con bien y obedecer a Dios en todos sus designios, luchando por alcanzar la amistad perfecta con Él y la vida eterna a su lado. Meta que alcanzamos solo con la ayuda de nuestros ángeles custodios, pues siempre habrá ángeles caídos a nuestro alrededor que, por envidia a nuestra especie, buscan incansablemente separarnos de Dios.


Importante es entonces, buscar y luchar con todos los medios, dirigirnos al Cielo al final de nuestra vida, huyendo de las angustias temporales del purgatorio y de la condena eterna en el infierno.


Mi custodio, mi mejor amigo


El principal tormento del purgatorio es la privación de la visión de Dios, y la pena del fuego sufrido es similar a la del infierno, con la diferencia de que no es eterno. Es por ello, que nuestros ángeles de la guarda cumplen un papel muy importante en nuestra vida espiritual, en la que hacen todo por ayudarnos a saltarnos ese estado y poder estar siempre cerca de Dios para alcanzar la contemplación eterna de Su Rostro.


La Eucaristía y las almas del purgatorio (detalle). Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas de España, Madrid.

Es necesidad entonces, de todo católico precavido y enamorado de Dios, cuidar su relación con su ángel de la guarda y tenerlo presente a lo largo del día. Es primordial encomendarse a él en toda situación que emprendamos o debilidad que tengamos, pedirle ayuda en las tentaciones, y que sea nuestra guía en la oración. En pocas palabras, hacernos muy amigos de él, para que, si en dado caso nos tocara caer en las llamas del purgatorio, pueda reconocernos entre todos ¡y rescatarnos con prontitud de allí!

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