Mirad el árbol de la Cruz

Piensa en el retablo de tu parroquia. Ahora recuerda: ¿Hay un crucifijo en el altar? ¿Hay una cruz colgada? Si la respuesta es "no recuerdo", es indicio de que vamos y no apreciamos con mucha atención en dónde estamos, y no estamos entendiendo el verdadero sentido de la Santa Misa.

La intención de esta entrada no es hablar de las diferencias entre cristianos y protestantes -no olvidemos que el nombre cristiano nos pertenece, y no a ellos-, pero la Fiesta de hoy, la Exaltación de la Santa Cruz, es uno de los fundamentos que, en contraposición con nuestra fe, hacen a su filosofía inviable.


Quiero hacerte otra pregunta: ¿Sabes cuál es la diferencia entre un crucifijo y una cruz? Para los protestantes, la cruz que utilizan -una cruz sola, sin Cristo- representa la perspectiva de la resurrección, y según ellos, los romanos tenemos la idea de la muerte muy marcada en nuestra fe; como si nosotros no centráramos nuestra fe en la Resurrección de Cristo… Poco saben de la Semana Santa y la Pascua.


Para nosotros, la Cruz siempre va acompañada de Cristo, es decir, el Crucifijo. En razón de la cita bíblica: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga» (san Mateo 16, 21-27).


Y por mucho que parezca inestimable, sí hay una diferencia capital entre ambas sentencias. Enfoquémonos en lo cristiano.


Para nosotros, católicos, el misterio de la Cruz se encuadra en el marco general del proyecto de Dios y de la venida de Jesús al mundo. La finalidad propia del misterio de la Cruz es cancelar el pecado del mundo (ver san Juan 1,29), algo completamente necesario para que se pueda realizar la unión filial con Dios.


De la Cruz procede la posibilidad para todos los hombres de vivir alejados del pecado y de integrar los sufrimientos y la muerte en el propio camino hacia la santidad. Dios quiso salvar el mundo por el camino de la Cruz, pero no porque ame el dolor o el sufrimiento, pues Dios solo ama el bien. Dios no pretende ensalzar a la muerte, si no, ¿por qué creeríamos en la Resurrección?


La Cruz tiene un sentido de misericordia -porque el Padre entregó a su Hijo en manos de los pecadores-, justicia -al devolver al hombre al camino de la verdad y del bien-, sacrificio y redención (ver Romanos 3,25; Hebreos 1,3; 1 Juan 2,2; 4,10) (Opus Dei, Vida cristiana, 2016).


Y la celebración del Santo Sacrificio (Misa) es la rememoración de esa entrega de Jesús en la cruz; no para centrar la muerte, sino para hacer notar que solo a través del sacrificio de Su vida, el hombre vuelve a Dios como una criatura nueva. De allí que en las parroquias la imagen del Crucifijo sea de alta relevancia. No adoramos la muerte de Cristo, reconocemos que fue a través del sacrificio, que llegamos a la Vida eterna.

La Cruz pesa, y mucho; doy fe. Un día, en la celebración del Viernes Santo, en la procesión de la Santa Cruz desde la entrada del templo hasta el altar, ayudé al sacerdote a cargarla. Ya era un sacerdote de avanzada edad. Y aunque él estaba decidido en llevarla, ya por sus fuerzas disminuidas no podía cargar completamente su peso, así que me tocó imprimir más fuerza. A los pocos pasos, la cruz comenzó a volverse pesada; los brazos resintieron, y la distancia faltante parecía interminable.


La experiencia de haber llevado la Cruz ese día, aun exclusivamente como ayuda, solo representa la parte física; la parte espiritual, aquella que se basa en la renuncia para cargarla, es ardua. Pero la Iglesia se ha encargado de darnos ejemplos valientes: los Cristeros siempre daban testimonio de quiénes eran. A san Pablo de la Cruz, cuando niño, su madre cada vez que sufría, le mostraba un crucifijo recordándole lo mucho que Él había sufrido por nosotros; es instrumento de gracia.


La próxima vez que usemos un crucifijo en el cuello, lo veamos en un templo, en nuestra casa o lugar de trabajo, si llegase a suceder, mantengamos la idea central en nuestro corazón: Cristo murió por todos nosotros en la cruz, es una forma de honrar Su sacrificio.




48 visualizaciones

Entradas relacionadas

Ver todo