• Edwin Vargas

¿Devoción mariana?

Para cuidar nuestra fe hay que profundizar en ella. Conocerla lo mejor posible. De esta manera cuando alguien trate de meternos ideas que van en contra, tendremos todas las armas para defendernos. En la medida que imitemos a María seremos capaces de ser firmes ante estas ideas.


Por el Bautismo nos convertimos en hijos de Dios. Esto significa que somos hermanos adoptivos de Cristo y si María es la Madre de Cristo, entonces también es Madre Nuestra.


El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice en el No. 963 que, a María se le reconoce y se le venera como Madre de Dios y Madre del Redentor y más aún, es verdaderamente la madre de todos los miembros del cuerpo, cuya cabeza es Cristo.


El Papa Pablo VI se refiere a Ella como "María, Madre de Dios, Madre de la Iglesia". Nos dice que: María es "Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles, como de los pastores, que la llaman Madre amorosa, y queremos que de ahora en adelante sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con ese gratísimo título".


El papel de María con relación a la Iglesia nace de su unión con Cristo, son inseparables estas dos relaciones. Ella tiene un papel muy importante en la obra de la salvación, debido a su unión con Jesucristo, la cual comienza desde el momento de la concepción hasta la muerte del Hijo.


Recordemos la escena del momento de la crucifixión de su Hijo. María lo acompañó en todos los momentos de la Pasión. Podemos imaginar con cuánto dolor, pero ahí estaba, junto a Él. Nunca lo abandonó, cuando muchos sí lo habían hecho. Ella permaneció fiel. Al llegar a la Cruz, permaneció de pie, sufriendo intensamente, y se unió al sacrificio de su Hijo, consintiendo, con todo su corazón de Madre lleno de amor, que su Él fuese inmolado como medio de la salvación de los hombres.


¡Qué dolor! ¡Cuánta soledad! Seguramente se preguntaría ¿Dónde estaban todos aquellos que lo aclamaban, que querían proclamarlo rey? ¿Tendrán miedo? ¿Habrán entendido su mensaje? Pero, en realidad, lo importante fue que Ella ofreció su dolor por la salvación de todos y cada uno de los hombres.


En ese momento, escucha las palabras de su Hijo, quien la da como madre a Juan, el único de los discípulos que no había corrido a esconderse por miedo: "¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!" Una nueva responsabilidad, la de ser madre de los hombres, que seguramente se le hacía sumamente difícil, mas, sabía que contaba con la ayuda de Dios.


¿Qué habrá pensado la Virgen? No sabemos. Pero, a partir de este momento ¡iba a ser la madre de los que habían matado a su Hijo! Otra vez, aparece su obediencia, no protesta, sino que acepta ser la madre amorosa y velar para siempre por todos los hombres.


Apóstoles de María


San Luis de Monfort dijo que prevé "que surgirán bestias enemigas que bramarán furiosas intentando destrozar con sus diabólicos dientes este escrito pequeño (Tratado de la Verdadera devoción a la Santísima Virgen), o al menos sepultarlo en el silencio de un cofre a fin de que no aparezca jamás". Añade después que "esta perspectiva (sobre las bestias viniendo sobre el manuscrito), me anima y hace esperar un gran éxito, es decir, un gran escuadrón de bravos y valientes soldados de Dios y de María, de uno y otro sexo, para combatir al mundo, al demonio y a la naturaleza corrompida en los tiempos, más que nunca peligrosos que van a venir".


Afirma también el Santo que "el Altísimo con su Santísima Madre deben suscitar grandes santos que excederán tanto más en santidad a la mayor parte de los demás Santos, cuanto sobresalen los cedros del Líbano entre los arbustos".


Pero, ¿esto es cierto? Bien vamos a mostrarles tres ejemplos contemporáneos:


  1. San Maximiliano Kolbe: este santo decía que, "la Inmaculada es el límite último entre Dios y la Creación. Ella es una imagen fiel de la perfección de Dios, de su Santidad", y añade: "afirmando que queremos cumplir únicamente la voluntad de la Inmaculada, no disminuimos de ningún modo la gloria de Dios, sino que la acrecentamos, ya que de tal modo reconocemos y adoramos la omnipotencia de Dios".

  2. Santa Madre Teresa de Calcuta: expresaba que, "tratemos de manera particular de llegar a estar lo más cerca del Corazón de Jesús que puede el corazón humano y tratemos de entender todo lo posible el sufrimiento de Jesús, que le causan nuestros pecados y Su sed de nuestro amor"... Gracias a Dios estaba allí para entender plenamente la sed de amor de Jesús. Ella tuvo que responder inmediatamente: ‘Sacio Tu sed con mi amor y el sufrimiento de mi corazón’";

  3. San Juan Pablo II: Quien instruía que, "hasta los pies de la cruz se ha realizado… su cooperación materna, en toda la misión del Salvador, mediante sus acciones y sufrimientos. A través de esta colaboración en la obra del Hijo Redentor, la maternidad misma de María conocía una transformación singular, colmándose cada vez más de ‘ardiente caridad’ hacia todos aquellos a quienes estaba dirigida la misión de Cristo".


¿Qué descubrieron estos santos para afirmar tales cuestiones? ¿Será algo que sólo se les concedió a ellos? ¿De dónde vienen estas palabras? Bien pues existe un secreto: El secreto de María. ¿Quieren saber cuál es? Sigue leyendo nuestras próximas publicaciones porque es un tesoro inmenso.


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