• Paulo Alvarado

El camino seguro a la santidad

Vocación. Es eso que en muchas ocasiones con sólo oír que se menciona hace huir a los jóvenes de los grupos parroquiales, estamos tan acostumbrados a escuchar al cura de nuestra parroquia decir con tristeza que hay pocas vocaciones en el seminario y pedirnos que oremos por ellas que, poco a poco y sin darnos cuenta le hemos dado al concepto de vocación una equivalencia con la vida sacerdotal y la vida religiosa o en el peor de los casos reducimos el concepto de vocación a la profesión a la que me quiero dedicar. Para ser honestos, incluso dentro de la misma Iglesia no estamos muy familiarizados con la vocación. La verdad es que no siempre está claro lo que la vocación es.


La vocación, mis hermanos, es el llamado que Dios nos hace y ese llamado es nada más y nada menos que a la santidad. ¡Sí, estás leyendo bien! Dios te llama a la santidad y te llama por tu nombre y no sólo te llama, también te ha dotado de todas las capacidades que requieres para responder a este llamado universal.


Ahora sabemos que Dios nos llama a ser santos, ese es nuestro primer llamado, esta es nuestra vocación universal como cristianos. Una vez identificada la meta a la que tenemos que llegar y teniendo fijo nuestro ideal sólo nos falta elegir el camino por el que vamos a transitar para llegar sanos y salvos a nuestro destino. Es aquí donde podría parecer que la cosa se complica: ¿Hacia dónde debo caminar? ¿Qué ruta debo de seguir? ¿Qué debo hacer en concreto? Las posibilidades frente a nosotros pueden abrumarnos e incluso atemorizarnos. Para que esto no suceda y tomemos decisiones firmes en nuestro camino vocacional, es necesario saber que existen vocaciones específicas, estás vocaciones específicas son el mapa que nos permitirá llegar de la manera más rápida, fácil y segura a la santidad.

Vocaciones específicas.


· Vida Laical: un laico es todo aquel fiel cristiano que opta por seguir a Cristo desde la vida familiar, social y profesional. Dentro de la vida laica se encuentra el matrimonio y la vida en soltería. Los laicos están llamados por Dios para que guiados por el Espíritu evangélico, sean parte de la santificación del mundo desde el mundo, su misión es ser testigos de Cristo en todo momento en medio de su familia, amigos, escuela, trabajo, etc. Son enviados al mundo para hacer de él un cielo y una tierra nuevas. En Lumen Gentium número 31 podemos encontrar una de las más bellas expresiones sobre la vocación a la vida laical: “los laicos... viven en el siglo, de modo que, igual que la levadura contribuyan a la santificación del mundo y descubran a Cristo a los demás, brillando, ante todo, con el testimonio de su vida, fe, esperanza y caridad”


· Vida Religiosa: La vocación a la vida religiosa es de mucha valía para la vida de la Iglesia. Todos los llamados a esta vocación específica son un símbolo de la radicalidad, pues son llamados a encarnar en su vida el evangelio. San Francisco de Asís en el Capítulo I de la Regla Bulada de la Orden de Frailes Menores, deja de manifiesto este aspecto de la vida religiosa: “La vida y regla de los hermanos menores es esta, a saber: vivir el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo; viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad”. Las promesas de pobreza, obediencia y castidad son algo que sin importar la congregación religiosa a la que se pertenezca todos los religiosos tienen en común.



· Vida Sacerdotal: El Sacerdote ha sido llamado a ser signo de salvación entre los hombres. Administra los sacramentos de la Iglesia. Es el modelo del buen pastor. Es quien va delante de la comunidad mostrando el camino, cuida a los fieles que se le han encomendado y es testigo de la gracia de Dios. En la Primera carta de San Pedro, capítulo 5, versículos 1 al 4 podemos leer: “A los presbíteros, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y participe de la gloria que va a descubrirse, los exhorto: sean pastores del rebaño de Dios que tienen a su cargo, gobiérnenlo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere, no por interés, sino con generosidad, no como dominadores de la herencia de Dios, sino hechos modelos del rebaño. Y, cuando aparezca el supremo Pastor, recibirán la corona de gloria que no ha de marchitarse”. Está es la esencia de la vocación a la vida sacerdotal.


Una vez que conocemos la Vocación Universal a la Santidad y sabemos cuáles son las vocaciones específicas en nuestra Iglesia Católica, estamos listos para iniciar el discernimiento del llamado que Dios tiene para nosotros.


Un último consejo: no tengas miedo de seguir a Cristo en la vocación a la que seas llamado y en cualquier vocación a la que respondas, sé testigo viviente de la Gracia y el Amor de Dios.

¡Paz y bien!





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