¿Qué es el Purgatorio y en dónde está?


La barca de Dante, Eugène Delacroix. Óleo, 1822. Museo del Louvre, París.

A muchos no les sonará esta palabra, y otros quizá la han escuchado antes de boca de sus abuelitas o en alguna leyenda urbana; o probablemente la leyeron en la Divina Comedia, en donde es uno de los pasajes más turbulentos y nostálgicos de la literatura universal. Lo cierto es que este concepto, que no es para nada desconocido, sobre todo en la fe católica y en la escatología, es algo de lo que todos debiéramos de estar enterados pues, a pesar de saber sobre su existencia, no se tiene la conciencia de la magnitud del dolor y la pena de los que están allí…


Etimología de la palabra


El término purgatorio proviene del latín purgatorium o purgatorious, que significa «que limpia, purifica», que a la vez vienen del vocablo purgatus, conjugación del verbo purgare, que significa «purgar, limpiar o purificar, que se originan de purus, «limpio, puro, impoluto». El verbo purgare se forma a partir de purus y el verbo ago, agere que significa «hacer, conducir, llevar delante de sí». Es entonces que purgatorium, además del verbo purgare, lleva el sufijo -orium, que en este caso quiere decir «lugar para limpiarse o purificarse».


Sentido del Purgatorio


El purgatorio puede definirse entonces como la purificación final del alma que, según indica el Catecismo de la Iglesia Católica, sucede si al final de nuestros días en la Tierra quedamos en gracia y amistad imperfecta con Dios, es decir si morimos con pecados veniales o faltas ligeras que deben limpiarse antes del juicio particular para ser merecedores de la presencia eterna de Dios, es decir del cielo.


El numeral 1030 del Artículo 12 del Catecismo lo describe así: "Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo".


Son muchos los filósofos y teólogos que a lo largo de los siglos se han dedicado al estudio de este concepto, basados en textos de las Sagradas Escrituras, en las apariciones y visiones de varios santos como santa Catalina de Génova, santa Faustina Kowalska o san Nicolás de Tolentino, y en numerosos testimonios de otros santos y místicos que de alguna manera lo vieron o vivieron en carne propia. También se han basado en la doctrina de la fe que fue debidamente formulada en los Concilios de Florencia en 1445 y de Trento en 1563, y nuevamente revisada por distintos papas a lo largo del siglo XX.

Misa por las ánimas del purgatorio. Detalle. (Autor desconocido).

Durante muchos siglos y por cultura popular, se creyó que el purgatorio era un lugar físico en el espacio, ya que en varios pasajes de la Biblia se habla de él como un fuego purificador y una estación temporal. Sin embargo, fue el papa Emérito Benedicto XVI quien, luego de una serie de investigaciones y estudios escatológicos, y basándose en las aseguraciones de san Juan Pablo II que lo definió como un estado de expiación del espíritu, afirmó que «no es un elemento en las entrañas de la Tierra, sino un fuego interior que purifica el alma del pecado en el camino de la plena unión con Dios».


Aunque la existencia de un lugar de purificación es visible en otras religiones como el islam y el zoroastrismo, es en el catolicismo en donde se presenta la mayor cantidad de evidencias y testimonios, y en donde se nos presenta una auténtica y esperanzadora liberación, prueba de la misericordiosa bondad y justicia divinas.

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