• Santiago M. Fernandez

Las responsabilidades en Cristo

Quizás algunos más, tal vez algunos menos… Aunque estoy seguro que todos tenemos alguna responsabilidad. Si bien es cierto, podemos algunos estar dedicándonos al estudio para el día de mañana tener la posibilidad de desempeñarnos en el ámbito profesional, la situación de otros de nosotros puede relacionarse con la honesta dedicación al trabajo, o quizás otros estén en sus días de descanso luego de haber trabajado durante toda su vida, entre otras cuantas posibilidades que no nombraremos en este momento… Quiero ir un poquito más profundo.


Si leemos los versículos 19 y 20 del Evangelio según San Mateo encontraremos: "Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo".


En este fragmento de las Sagradas Escrituras encontramos un claro mensaje "Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos". Jesús nos está diciendo que llevemos el Evangelio, que seamos testigos de Su Amor, que lo que hemos visto y oído lo vayamos a anunciar; pero… ¿a qué se refiere con "todos los pueblos"?, ¿me está pidiendo estrictamente que vaya a otro país o continente a contar la Buena Noticia? No necesariamente… Hay quienes lo harán, claramente, porque discerniendo han logrado descubrir que Dios quiere eso para sus vidas, aunque personalmente creo que eso demandaría más tiempo, y no todos quizás tengamos las herramientas para hacerlo. Bien, mi punto de hoy es mucho más cercano de lo que se imaginan.


Si cada uno de nosotros tomara como "todos los pueblos" cada ambiente que uno frecuenta quizás podamos ayudar a cada persona que nos rodea, ¿no? Puede ser desde inculcar el valor de la oración en los chiquitos de la familia; recordar a nuestros amigos en las adversidades que Jesús los ama, que María tiene la gracia de poder ser intermediaria entre Él y nosotros; acompañar a nuestros sacerdotes y monjas incluso a través de un mensaje recordándoles que Dios todo lo ve, que no bajen los brazos aún en tiempos difíciles; y también, por ejemplo en un supermercado, con un desconocido agradeciéndole y sonriéndole por prestarnos unos minutos y su atención aunque no hayamos hablado de la Iglesia en ese rápido intercambio de palabras, creo que esa persona se iría preguntando por qué motivo es que nos notó tan alegres.


En muchas circunstancias, por el hecho de llevar tener en nuestro perfil de redes la frase "Hijo de Dios" (o alguna similar), llevar un crucifijo o el Santo Rosario en nuestro cuello estamos misionando. Con el “simple” hecho de tener algo característico de un cristiano muchas veces logramos hacer algo que puede sonar quizás medio alocado, podemos estar haciendo que una persona vuelva a pensar en Dios después de cierto tiempo, o algo todavía más grande, ¡regar un poquito la semilla de la fe y que esta persona quiera regresar a los Sacramentos!


Por otro lado debemos recordar e intentar participar activamente en la vida parroquial. Quizá al pasar el tiempo dentro de la misma comunidad se nos pueda presentar la posibilidad de alguna responsabilidad más, dependiendo de los dones que nos caracterizan a cada uno, ¡qué bien le hace a la comunidad que todos aportemos nuestro granito de arena! Sea participando del coro, formando a los niños en catequesis, colaborando cuando se organizan rezos comunitarios, misionando el barrio, e incluso leyendo alguna lectura en misa, entre tantísimas actividades más. Recordemos que cuando Cristo es el centro, ¡absolutamente todo suma!


Por último quiero compartirles una canción que, hablando de responsabilidad, en mi grupo juvenil nos moviliza mucho cuando salimos al encuentro:


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