Las Bendiciones de Dios


Normalmente cuando tenemos dificultades, oramos a Dios para que cambie esa situación. Es recurrente esto, incluso pedimos a nuestros amigos o a los servidores que oren por nosotros para que “los milagros sucedan”.


Hay algo que quizás no te has puesto a analizar o si lo has hecho, pocas veces lo recuerdas como yo, se trata de la voluntad de Dios y que a través de ella se dan las bendiciones a tu vida. Quiero explicarte esto con más detenimiento y a la luz del Evangelio de San Marcos 2, 1-12:


«Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y Él les anunciaba la Palabra. Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a Él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados". Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: "¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?" Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: "¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate, toma tu camilla y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados, dijo al paralítico: Yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: "Nunca hemos visto nada igual"».


Una vez leído el Evangelio, te doy un ejemplo (tal vez poco tonto, pero ilustrativo) de cómo hay que tener cuidado con nuestra oración y con lo que pedimos: si estás con muchas ganas de ir a la playa pero ese día pudiera amanecer lloviendo, tú oras para que el clima esté a tu favor y haya mucho sol y viento, mientras que los agricultores de tu zona oran para que llueva y su cosecha no se pierda. ¿A quién debe escuchar Dios y concederle su deseo? ¿Al que tenga menos pecado? ¿Al que esté en gracia o al que sirve en la Iglesia?... ¡cuidado!


Para empezar, debemos aclarar que Dios no es un genio de botella al que se le piden deseos y los convierte en milagros, sino al contrario, el corazón de Dios es Misericordioso y Él es el amor, por lo que se conmueve como Padre de nuestra situación. Sabemos por el milagro de las bodas de Caná, que por intercesión también se pueden “cambiar los tiempos” de los milagros, pero eso no significa que Dios hará nuestra voluntad ni mucho menos que debemos darle órdenes.


Y bueno, volviendo al relato...


Vemos a una persona que no puede caminar y pensamos que obviamente lo más necesario para ella, es que Jesús le devuelva su movilidad, pero no es así, Jesús le perdona sus pecados primero. El paralítico, las personas de la multitud, los cuatro que lo llevaron hacia Él, y mucho menos los escribas que estaban escuchándole predicar, entienden la bendición que se le ha dado al perdonarle los pecados, y para que puedan ver de qué se trata, Jesús hace un paralelismo entre la inmovilidad de su cuerpo y la de su alma y le ordena que se levante, agarre su camilla y se vaya a su casa, ¡cosa que si sorprende a todos!


Las bendiciones de Dios siguen siendo bendiciones aunque no las entendamos, porque Dios si sabe lo que necesitamos, nosotros cuando pedimos, muchas veces lo hacemos desde nuestro egoísmo, desde lo que queremos que esté a nuestro favor y resulta que el que tiene fe puede ver las bendiciones de Dios hasta en la muerte de un ser querido, quizás no lo pueda entender en su momento de dolor, pero luego por acción del Espíritu Santo y desde la fe, ve claramente la bendición que Dios hizo en su vida.


Esto es lo que nos puede ayudar a entender, cómo los santos agradecían a Dios por una calamidad, por una enfermedad o por llevar los estigmas; recuerda que cuando Jesús nos enseñó a orar con la oración del Padre Nuestro, dijo: "Hágase Tu Voluntad así en la tierra como en el cielo", y cuando ora en el huerto dice: "Padre si es posible aparta de mí esta copa, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya", allí vemos que aún Jesús tan Dios como si no fuera hombre, pero tan hombre como si no fuera Dios también experimentó esto como nosotros.


Ahora quiero que nos detengamos y veamos algunos detalles de la manera particular de como Jesús hace este milagro: Jesús lo perdona, Jesús le ordena, Jesús le demuestra, Jesús lo envía. En esto vemos principalmente que primero está su misericordia al perdonarle sus pecados y luego su autoridad y su voluntad al demostrar su poder. Primero está la relación personal del alma del paralítico con la persona de Jesús y luego está la sanación de su cuerpo.


Por último, ten en cuenta que en ese Evangelio podemos ser quienes llevan a los demás a Jesús para que los sane, podemos ser quién está con el alma y el cuerpo inmóvil y necesita ser perdonado y sanado, tal vez quienes siguen a Jesús pero no entienden nada (como la muchedumbre), o aquellos que lo escuchan y estudian la Palabra pero, en su pensamiento cuestionan Su Voluntad.


No sé cuál es la razón por la que estás orando en este momento, ni que milagro estás pidiendo para tu vida o la de tu seres queridos, quiero decirte que las novenas o los actos de sacrificio y ayuno no se convierten en lo mismo que frotar una lámpara mágica para obtener tres deseos, pero la oración si es un canal para interceder por el sufrimiento de los demás y para obtener discernimiento sobre la Voluntad de Dios.


Cuidado con gloriarse de que por tu oración sucedieron las cosas, ten en cuenta la autoridad de Dios, pero sobre todo Su Misericordia...


Dios quiere salvarte y sanarte; sí, en ese orden.

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