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  • Angie

Orar

Textos bíblicos para profundizar este post:

  • Job 7, 1-4.

  • Salmo 147, 1-6.

  • 1 Corintios 9, 16-19; 22-23.

  • San Marcos 1, 29-39.

¡Estoy ocupada/o! Tantas cosas en mi mente. Tantas cosas que quiero hacer. Mejor aún, tantas cosas que necesitaba hacer... ¡como ayer! 


"De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración" (San Marcos 1,35).

No importa lo que hagas para ganarte la vida, todos estamos ajetreados y estresados. Pero la mayoría de las veces, confundimos el ajetreo con la productividad. Seamos realistas, vivimos en una sociedad que glorifica el ajetreo (y el estrés). Constantemente necesitamos estar haciendo algo. Hemos desarrollado tecnología que se supone que nos ayuda a estar menos ocupados. Sin embargo, terminan haciéndonos más ocupados.


Antes de todo esto, Jesús estaba ocupado haciendo muchos milagros y expulsando demonios. Él conocía su misión y siguió adelante, pero también se aseguró de tomarse el tiempo para conectarse con su Padre Celestial. Jesús es diligente en darse el tiempo y buscar el ambiente adecuado para orar. Se levanta antes que los demás y se va a un lugar solitario, para estar con Dios. A través de la oración, Él mantiene la conciencia de su misión. Nosotros, como discípulos suyos, estamos llamados a hacer lo mismo.


En segundo lugar, recordemos cómo comienza esta lectura del Evangelio:

"La suegra de Simón estaba enferma con fiebre. Inmediatamente le contaron sobre ella. Él se acercó, agarró su mano y la ayudó a levantarse. Entonces la fiebre la dejó y ella los atendió" (San Marcos 1,30-31).

Tenemos una receta a seguir sobre cómo podemos acercarnos a Cristo en tiempos de necesidad y desesperación. Los discípulos le contaron a Jesús inmediatamente sobre la situación y luego todo fue Jesús.


Él se acercó, agarró su mano y la ayudó a levantarse.


Ella fue curada y enseguida fue conducida a servir a nuestro Señor.


En pocas palabras, los discípulos propusieron y dejaron que Jesús haga el resto. Este es un gran ejemplo de una vida de oración saludable. Dios nos da un regalo para poder hablar con Él e incluso proponerle algunas de nuestras ideas. Podemos defender nuestro caso y nombrar cosas específicas que deseamos que sucedan en la pureza de nuestra vida de oración.


Nos llama amigos y no esclavos. Y nos invita a conversar con Él y realmente tener esa relación personal con Él. Al igual que los discípulos, llevemos a Jesús nuestras súplicas y preocupaciones. Y luego déjalo hacer el resto. Reconozcamos y ejercitemos este gran regalo llamado oración.


Haz un espacio adecuado para conectarte con Dios diariamente. Defiende y protege este tiempo especial que tienes con Dios del ajetreo o la pereza. 


Desde mi corazón al tuyo,

Angie M.

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