Sacramentales: Procesiones de Semana Santa
- anaecoevangelii

- 27 mar
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Actualizado: 30 mar
Estamos por terminar la Cuaresma, y antes de adentrarnos en el tema central de este artículo, comprenderemos rápidamente lo que son los sacramentales. Un sacramental es «un signo sagrado que imita los sacramentos expresando efectos espirituales» (CIC, 2a Parte, 2a Sección, Cap. 4, Art. 1, n.1667). No dan la gracia, nos disponen a recibir los sacramentos y a vivir en gracia. Son instituidos por la Iglesia en orden a la santificación de los fieles y de los miembros de órdenes eclesiales, teniendo en cuenta los tiempos litúrgicos correspondientes.

Los sacramentales son signos sagrados que nos ayudan a prepararnos para recibir la gracia del Espíritu Santo (dada en los sacramentos) y santificarnos en las distintas circunstancias de la vida.

Entre los sacramentales se encuentran signos físicos como el agua bendita, el escapulario, la camándula (para rezar el Santo Rosario), medallas, imágenes religiosas, ornamentos sagrados, santos óleos, entre otros. Y entre los sacramentales intangibles de acción física están las bendiciones, consagraciones, exorcismos, peregrinaciones, devociones, procesiones, por mencionar algunos, enraizados cada uno en las distintas culturas en donde se expresen.

Sacramental como herramienta de evangelización
Entre las diversas formas de sacramentales que existen, —y de los más vistosos— nos adentraremos en uno particular, de carácter penitencial, el cual forma parte de la religiosidad popular conformando así catequesis y la piedad de los fieles: Las procesiones de Semana Santa.

A lo largo de los siglos, las procesiones han encontrado en el arte sacro una expresión profunda de la historia de la Salvación. Más allá de su valor cultural, son un camino de fe.
Integra distintas ramas de las artes aplicadas, como talla y escultura de imaginería, confección y bordado de vestimenta y estandartes, decoración e iluminación de andas y cruces procesionales, orfebrería y floristería, carpintería, cerería y elaboración de incienso, y composición e interpretación marchas fúnebres, para recrear en conjunto escenas bíblicas y mensajes doctrinales que sean fáciles de asimilar en un ambiente propicio para meditar.

En todas estas expresiones se fusiona la técnica artística con la visión sobrenatural para evocar a través de la belleza y la emoción el misterio de la fe cristiana y la importancia de la oración. Todo ello forma parte del legado espiritual, histórico y cultural de miles de devotos que, de generación en generación, transmiten por medio de su obra artística y el uso de los dones que Dios les concedió.

Las procesiones de Semana Santa, al ser sacramentales, no representan un fin, sino un medio para acercarnos a la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor, con un profundo sentido evangélico que enriquece la vida interior a su paso.

El sacramental acerca al sacramento
Como dijo el papa Francisco en su primera Audiencia General, durante la Semana Santa —tiempo de gracia que el Señor nos da— se nos pide «“abrir” y “salir”: abrir el corazón y salir al encuentro de Jesús y de los demás; salir de nosotros mismos, de nuestra comodidad, para llevar la luz de Cristo y la alegría de nuestra fe» a los más necesitados, tal como lo hizo María el sábado después de la muerte de su Hijo.
Aplicado a este sacramental particular,
salir para llevar a Cristo es llevar a Cristo en hombros.

Cuando cargamos un anda procesional estamos cargando el dolor de Cristo en nuestros hombros, por lo que es necesario hacerlo con contrición verdadera y plena consciencia del daño de nuestros pecados. Quien lleva un anda, lleva un sacramental; quien lleva un sacramental, lleva esa misma oportunidad de contrición a los demás, a los miles de espectadores, que esperan con calma el paso del cortejo procesional.

Un deseo de contrición que nos lleve al arrepentimiento sincero del corazón por haber ofendido a Dios, es el acto fundamental de la verdadera conversión, la cual nace del amor hacia Él y del dolor por la falta cometida. Pero como toda reconciliación, no está completa hasta haber acudido con firme intención al sacramento de la Penitencia.
Una cuaresma sin Confesión es una cuaresma vivida en vano.

Así es como las procesiones penitenciales nos recuerdan cada viernes de cuaresma, y específicamente durante la Semana Santa, la importancia de acudir con humildad y valentía a confesarnos y limpiar nuestras almas de todo pecado venial y mortal que pudimos haber cometido desde nuestra última confesión bien hecha.

Semana Santa en Guatemala
La Semana Santa es uno de los tiempos litúrgicos más fuertes del año en todo el mundo, sobre todo en Guatemala que, desde el inicio de la cuaresma, es uno de los acontecimientos religiosos y culturales más notables del país. Se manifiesta por medio de cortejos procesionales únicos —los más largos del mundo—, velaciones y vigilas, Via Crucis vivientes, conciertos de marchas fúnebres, gastronomía específica de la fecha, y la elaboración de alfombras y huertos de aserrín, flores, pino, corozo, frutas y verduras (el cual es considerado arte efímero pues son construidas durante horas y destruidas en segundos).


Todas estas prácticas, en donde el luto se viste de color, se caracterizan por su sincretismo y solemnidad. Son de carácter universal al contar con la participación activa del clero, cofradías y hermandades, devotas cargadoras y cucuruchos, feligreses, vecinos no católicos, artesanos, arquitectos, músicos, fotógrafos, medios de comunicación, autoridades, incluso hasta de turistas extranjeros, que juntos colaboran en los preparativos y puesta en escena en las distintas ciudades y comunidades del país.

A diferencia de otras regiones, esta manifestación de fe con más de quinientos años de antigüedad, entrelaza las tradiciones cristianas introducidas y heredadas por frailes españoles y las costumbres prehispánicas de indígenas que habitaban nuestra región. Es por ello que, en 2022, la Semana Santa en Guatemala, fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, y bajo palabras del papa Benedicto XVI, algo que hay que vivir por lo menos una vez en la vida con actitud de respeto y devoción.

Aún con el creciente protestantismo y corrientes ateístas en boga, nuestra nación posee un profundo sentimiento religioso rico en manifestaciones de fe y ofrenda populares que, gracias a los guardianes de la fe y del patrimonio, tenemos la bendición de seguir apreciando cada año.

Quien tenga la oportunidad de visitar Guatemala durante este tiempo litúrgico fuerte, se dejará conmover por el fervor religioso colmado de sentido de penitencia, tolerancia, resiliencia y esperanza que nos identifica a los guatemaltecos.

Con más de 55 cortejos procesionales y alrededor de 17,000 personas involucradas en cada uno de ellos, la tarea evangelizadora de trasladar el mensaje de Cristo Resucitado y de su victoria sobre la muerte nos compete a todos. Que observar el rostro de los espectadores mientras se lleva en hombros un sacramental tan monumental sea convertido en humildad y fortaleza espiritual, y sobre todo nos motive a
esforzarnos para vivir con coherencia las enseñanzas del Evangelio.
Que tengan una buena y santa Semana Santa, queridos lectores, y que las meditaciones que les compartiremos en los próximos días sean de provecho para cada uno de ustedes.

Imagen de portada: Aldo Comparini.



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