Ventana a la humanidad

El año 2020 ha sido un año diferente y hoy en pleno despertar del 2021, nos hemos topado con cambios repentinos en nuestra vida, en nuestras rutinas y estamos con una estremecedora sensación de incertidumbre sin saber qué acontecerá durante estos nuevos 12 meses que tenemos por delante.


Ha pasado mucho tiempo desde que un cambio histórico se dio a nivel mundial, las mascarillas pasaron a ser parte del outfit diario y se adueñaron de todo nuestro día, estando presente desde una sencilla caminata, hasta una reunión importante de trabajo o una cita con el amor de tu vida en un restaurante. Nos comenzamos a preocupar por la limpieza de manos como nunca antes lo habíamos hecho, las cosas sencillas y que antes eran rutinarias alcanzaron un valor único, se extrañaba el estar en clases, en una junta presencial, en un café o en un bar con amigos. Pequeños detalles que antes eran inadvertidos han cobrado el valor que merecen, un año en donde las cosas esenciales recuperaron el valor real que tienen.


Los días pasan y se van revelando entre ellos por el calendario, las estaciones se reemplazan entre ellas y los minutos del reloj mueren en una carrera violenta por alcanzar las horas. Mirando hacia atrás, descubrimos que ha pasado el tiempo también en nosotros, hemos conquistado metas nuevas, estamos luchando contra vicios que antes no teníamos, descubrimos personas nuevas que suman y llenan nuestra vida y quizás hemos notado minutos que se han desperdiciado y que no volverán.


Navidad y año nuevo ha sido un paréntesis en medio de todo el caos pandémico que se vive, un período para agradecer, para perdonar y pedir perdón, un período para valorar la oportunidad de estar en familia nuevamente. Fue una época en la que se sentía un aire nuevo, la gente tenía esperanza y se enfocaba en estar alegres, evitar disgustos y complacer a los seres queridos. Vale la pena preguntarnos cómo nos consideramos ante estos meses únicos que hemos dejado atrás.


En este período histórico nos topamos con diversos personajes: Héroes que trabajan en hospitales luchando cara a contra la muerte por arrebatarle nuevas víctimas, héroes silenciosos que con el dominio de su voluntad y con su madurez se han quedado en casa y han puesto medios para cuidarse y cuidar a otros. Encontramos pobres que lo tienen todo, mendigando la felicidad en otros lugares y que descubrieron que la casa no era sólo un lugar para conectarse al wifi, que era un lugar donde podía encontrar paz, que el hogar, sin pensarlo, se convertiría en el lugar más seguro del mundo. También encontramos personas que han sufrido pero que siguen luchando en medio de las dificultades propias de estos momentos. Personas indiferentes ante las necesidades de los que están a su alrededor... En definitiva, hay un abanico de posturas desde los indiferentes hasta los que han entregado su vida por otros.


No podemos permanecer impasibles ante todo lo que estamos viviendo, no podemos ser meros espectadores cual turistas que sólo observan sin comprometerse con lo que tienen ante sus ojos. El tiempo pasa y cada vez es más valioso y este tiempo es una oportunidad excepcional para cuestionarnos, para reflexionar, para tener un corazón dispuesto a la introspección que nos permita encontrar un por qué, un para qué, un sentido y un ideal por el cual luchar, levantarse, amar y seguir confiando. Tenemos que salir de la pandemia con un sin número de metas alcanzadas, de objetivos trazados, de caminos recorridos, de testimonio dejado, de huellas marcadas en muchos corazones, de programas de vida conquistados y con una fe más fuerte, seguros de que el amor le da sentido a todo.


Que estas primeras semanas del año nos recuerden que, como católicos estamos llamados a dejar huella en el mundo, a servir y a ayudar a todos los que están a nuestro alrededor.


Para el que ama, las dificultades son una oportunidad de oro para demostrar a Cristo que de verdad amas, que están dispuestos a llevar ese amor hasta el extremo como él en la cruz.

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